HAY DIARIO DE WILLIAM NAVARRETE

HAY DIARIO DE WILLIAM NAVARRETE

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Fotografía de Daniel Mordzinski

 

HAY Diario de William Navarrete

 

miércoles 2 de octubre:

 En mi recuerdo Xalapa era Jalapa, con jota. Un detalle sin importancia. Su nombre evoca, además de los olmecas, una compañera de clases. Era una niña de diez años, hija de un médico cubano con una xalapeña. Se llamaba Hilda. La Isla era entonces una fortaleza blindada. Una extranjera como Hilda, que entraba y salía del país cada verano, era algo extremadamente raro. Iba de vacaciones a Xalapa y yo imaginaba aquella ciudad tal y como la descubro 35 años después. Una vez le pregunté a qué se parecía. “A una flor al pie de las montañas”, respondió.

Viajo desde/en la oscuridad. Veo los ojos almendrados y risueños de Hilda reflejados en la ventanilla del vehículo. La carretera de Veracruz a Xalapa es una boca de lobo a medianoche. El chófer devora más de cien kilómetros en apenas una hora. Los camiones son moles que intimidan en la negrura de la ruta. Los huecos nos zarandean. ¡20 horas de viaje de puerta a puerta! Los autores a mi lado no tienen fuerza para chachareos. Tampoco yo. Mañana HAY un mundo por delante.

jueves 3 de octubre:

Ernesto Cardenal es la primera persona con quien me encuentro. Durante el desayuno compartimos mesa. Le digo que parece haber pactado con el diablo, un pacto de tiempo detenido, visto su aspecto. “Cuando era adolescente estudiábamos los Epigramas en Cuba”, añado. Me responde que la primera vez que estuvo allá fue en los 70. Le aclaro que lo del diablo es porque no había cambiado mucho desde la foto en aquel libro de Literatura.

Me pierdo en la ciudad que en realidad tiene más pinta de pueblo que de urbe. Los edificios son bajos, supongo que debido a los temblores. Prefiero las ciudades con pinta de pueblo a los pueblos con todos los inconvenientes de una gran ciudad. El pico Orizaba es una corona nevada detrás de las buganvillas. Las casas coloridas descienden las laderas hasta perderse en el verdor de los valles. Encuentro la cúpula roja, semibizantina, del afiche del HAY. El Parque Benito Juárez con sus araucarias centenarias es el ojo sonriente de xalapeños. Camino hasta el Callejón del Diamante, también hasta otro de nombre elocuente y hermosa leyenda: el de Jesús Te Ampare. Las ciruelas de mi infancia y unas frutas dignas de la mejor literatura son todo un hallazgo en el Mercado Alcalde y García. Las librerías (la Gandhi por ejemplo) viven al ritmo del HAY. El aroma del café se escapa de los molederos. Abajo de un magnolio humea una caldera con tamales rancheros rellenos de cerdo. Unas nieves (helados) de mamey en pura pulpa terminan por convencerme de que no estoy en el sitio equivocado.

Me he adelantado a la inauguración de la muestra que el HAY organiza en homenaje a los 50 años de Rayuela. Cuando me cuelo en la Pinacoteca Diego Rivera los curadores están ultimando los detalles. Caigo luego en una academia de baile llamada Xalhabana. La dirige Pedro Domínguez, un mulato cubano de Centro Habana que lleva 17 años en Xalapa. Me invita a ver el ensayo del día. Tiene un grupo numeroso de jóvenes a los que intenta explicarles un ritmo que – mentiría si dijera lo contrario -, no lo agarran ni por lo que dijo el cura. Así y todo los disfraza con vistosos trajes de guaracheros. Entre vuelos, encajes, plisados y mangas de comparsa disimulan muy bien sus carencias rítmicas.

 

viernes 4 de octubre

Me llevan temprano al Centro de Arte Contemporáneo a hablar a los jóvenes del bilingüismo. Lamento no poder asistir a la charla de Rafael Chirbes y Juan Francisco Ferré con quienes comparto vehículo antes de que se bajen en la Casa del Lago. Quedo asombrado por la receptividad de los estudiantes, los siento conectados con el tema, preguntan de todo. Los voluntarios quieren que me sienta a gusto. Cronometran con precisión el tiempo. Tanto es así que empiezo a sospechar que fueron entrenados en Inglaterra, único lugar del mundo donde creo rinden culto a l’heure pile, como dicen los franceses.

Me entrevistan para la radio y me encuentro a un autor nicaragüense que me cuenta de su amor/odio por Managua, la ciudad donde vive. Salgo a buscar una tarjeta postal de Xalapa para saldar una deuda con un amigo y no encuentro ninguna en toda la ciudad. Lo que debería ser una decepción es en realidad muy buen signo. Xalapa revela un México auténtico, de espaldas al turismo de masas.

Al final de la tarde a la Casa del Lago con un grupo de poetas. Son siete minutos para leer los poemas que elegimos. HAY una foto de Daniel Mordzinski de todos en la plataforma de madera sobre el lago. Nos presenta Marisol Robles y leemos con fondo de música jorocha que sube desde la orilla del lago. Si alguno quería parecer serio se jodió. Con ese fondo los poemas parecen arreglos para sones. Me gusta la fusión de poesía e imágenes mostradas por Sandra Lorenzano. Hernán Bravo Valera me promete un poemario que nunca llega y Gabriela Wiener amenaza con leer el poema de un hombre con cuatro penes, pero abandona la idea por ser muy largo y al final termina leyéndolo. Andrés Neuman dice los suyos de memoria. Vaya portento de memoria, nos decimos todos. Y Luigi Amara y William Ospina quedan de lo más serios en el retrato del lago. Se oye tronar. ¡Que no venga el tiempo ahora a aguarnos la fiesta!

Ya de noche cenamos en El Bistro. Caen en mi mesa Federico Andahazi (eternamente anatomista y cabalmente agradable), el poeta César Silva y su compañera Magali Velasco (con quien lleva una librería en Coatepec), Hernán Bravo (que me sale hasta en la sopa), Marisol Robles, y otros. Rogelio Cuéllar, el fotógrafo de Jorge-Luis-Borges-orinando-en-los -mingitorios-del-colegio-San-Ildefonso (la foto no sé si tiene título) inmortaliza la escena. Qué pena que la nuestra sea tan púdica, que los embates amorosos entre Héctor y César no pasen de unas palmadas que estremecen la pieza.

 

sábado 5 de octubre:

Nos llevan a Xico y Coatepec, los pueblos mágicos. Atravesamos haciendas cafetaleras, puentes, ríos, cascadas. Dan ganas de perderse en tanto verde. En el primero nos dan a probar los moles de la Tía Celsa. Tengo de cómplice a Rafael Chirbes. Los dos padecemos del mismo síndrome: probarlo todo y no decir nunca no a lo bueno. Con semejante aliado (a pesar de que es diabético), pierdo la noción de las calorías: panes dulces, moles, nieves de guanábana, granos de café envueltos en chocolate. “A mí que no me entierren sano”, me dice.

En la parroquial de Xico la María Magdalena del altar tiene tremendo escote. Falta poco para que se le vea el par de tetonas. Los hombros y el pecho están descubiertos y descansa echada a los pies de Jesús crucificado como si lo esperara en el tálamo nupcial. De santa sólo tiene el nombre. Me está gustando lo bien que llevan el tema los de Xico.

Una hora después, cuando atravieso el parque Hidalgo de Coatepec, oigo a una banda de marimberos que toca Palmeras, el megabolero de Agustín Lara. Chirbes y yo tarareamos aquello de “HAY en tus ojos el verde esmeralda que brota del mar / en tu boquita la sangre marchita que tiene el coral [...]“. Me entran ganas irresistibles de oír la canción en la voz una y mil veces grande de esa veracruzana inmortal que es Toña la Negra. Le comento a Chirbes que pocos conocen hoy esas voces.

HAY un tiempo que se estira con capas superpuestas que me permite disfrutar del don de la ubicuidad. No sé cómo pero llego a tiempo para oír a Carl Bernstein entrevistado por Guillermo Osorno y logro ensayar enseguida con la actriz Juana María Garza Maldonado el cuento que intentaremos dramatizar en el teatro. Me invitan a cenar con los autores de mi futura casa editorial ydescubro la sangrita que en nada se parece a la sangría. HAY me depara incluso una editora encantadora y descubrimientos etílicos de primera.

Renuncio por cansancio a la fiesta de los muchachos de Sexto Punto, en La Tasca. Como no soy aguafiestas me escurro discretamente con el periodista Xavi Ayén, a quien también se le acabó la cuerda para seguir el ímpetu fiestero de los mexicanos. Me arrepiento porque parece que los muchachos de esa editorial metieron tremenda fiesta.

 

domingo 6 de octubre:

Me llevan temprano al Museo Arqueológico. Desde el 2 500 adC viajan las piezas olmecas. De las 17 cabezotas que existen el MAX conserva siete. Es un privilegio verlas ahí. El guía es excelente. Los que nos han estado acompañándonos durante estos días, los voluntarios y los de SECTUR (siglas de la Secretaría del Turismo del Estado) son anfitriones de lujo.

Jody Williams conversa con Ivonne Melgar en el Teatro de Estado. Me cautiva su simplicidad y la llaneza con que habla. Su español es diáfano. HAY muchas cosas que me sorprenden. No me da tiempo a oír todo lo que David Safier cuenta en conversación con Jonathan Levi. Me toca prepararme y estar una hora antes en la entrada del hotel para que me lleven a ese mismo Teatro donde leeré fragmentos de Adiós a Cleopatra, el contracuento que escribí en respuesta al cuento de mi compatriota Wendy Guerra hace apenas unos meses. Es Juana María Garza quien lee las partes de La espía, escrito por Wendy. El público de Xalapa es admirable. El acento y tanto mar de por medio no cambian nada. HAY simbiosis. Las preguntas son pertinentes, la complicidad absoluta. Qué falta hace a veces en Europa gente así. Aquí vibran a la par que uno, sin ambigüedad. Arropan nuestra obra con ojos y aplausos sinceros. Uno se retira con la impresión de que pasaron un buen momento, de que de nuestro intercambio quedará algo para siempre. Es de los mejores públicos que he visto.

Esto ha terminado como Dios manda. El Frente Cumbiero de Colombia nos regala lo que ya estábamos pidiendo. El remeneo estremece las gradas del Teatro. Tocan una cumbia de Babel que fusiona lo que se les ocurre. Antes de que caiga el telón HAY un público que inunda el escenario. Rodean con elegancia a los cuatro miembros de la banda dejando un redondel de metro y medio entre los músicos y ellos. Esa distancia, ese respeto impensable en otras partes del mundo, será mi última imagen del HAY. Creo que es la mejor de todas las imágenes: la de la armonía, complicidad y respeto para que nos entendamos todos. Para que no haya acento, ni diferencia que tienda barreras y la literatura y el arte sigan repartiendo sueños. Los organizadores deben estar muy satisfechos. Yo lo estoy desde que comprobé que Xalapa era esa flor al pie de las montañas que me anunciaba la dulce Hilda en una de esas tardes habaneras.

 

lunes 7 de octubre:

HAY una foto envuelto en una toalla hablando por teléfono.

HAY un alebrije que me regala con infinita ternura uno de los voluntarios.

HAY muchos libros en mi maleta y muchas firmas de autores queridos.

HAY añoranzas de colores, olores y sabores cuando despego.

HAY un saludo cariñoso y sincero de agradecimiento para todos los que nos acogieron.

HAY un fin para todo que no es más que un comienzo.

HAY cosas que no cuento y que dejo en puntos suspensivos quizá para contarlas luego …