México20: “0: La escritora en residencia y lo que decidió hacer” por Laia Jufresa en Hay Gales

México20: “0: La escritora en residencia y lo que decidió hacer” por Laia Jufresa en Hay Gales

Cuando le preguntaron por qué decidió usar un voice-over en su documental, el cineasta Rodrigo Reyes contestó que recurrir a un narrador y prestarle a éste su propia voz, fue la manera que encontró para aceptar que su documental tendría fallas y carencias, que su tema es mucho mayor que su película, y que lo que él presenta es sólo su visión, desde su particular punto de vista.

Parafraseo sus palabras porque siento algo similar con el Hay festival de Gales, al que fui invitada como escritora en residencia del British Council, y sobre el que escribiré tres textos.

El festival tiene 10 escenarios que, durante 10 días, albergan eventos desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche. La mera magnitud del programa, sin contar las muchas actividades extra que el visitante encuentra, serían imposibles de capturar en tres textos. La manera que encontré para simplificar la hazaña fue asir el festival no como el gran evento multidimensional que en realidad es, sino como una hoja de papel. Tuve que aplanarlo para poder pensar en él.

Si imaginamos en el festival como en un folio, encontraremos tres puntos de vista posibles: de un lado de la hoja está el público (la gente que compra boleto y asiste a los eventos) y del otro lado está el staff (la gente que con su trabajo hace hace posible el festival). La hoja en sí son los invitados (la gente que ocupa los escenarios para hablar de su escritura e investigación en cada uno de los eventos).

Decidí entonces pasar 2 días como público, 2 como staff y 2 como invitado. Los tres textos que escribiré serán un intento por narrar -con fallas y carencias, desde mi particular punto de vista- la experiencia de ser un espectador, un trabajador y un invitado en el Hay Festival 2015.

1: El público y lo que aprende

(O: Agua,tachuelas y cómo hacer fuego con una alarma de fuego)

La primera misión para el público (suponiendo que sufre de la misma incapacidad que yo para hacer presencia en varios lugares a la vez) es elegir, de entre el vasto programa, los eventos a los que asistirá. Gente menos indecisa o bipolar que yo quizás encuentre más sencillo este paso, pero a mí me tomó casi una semana. Al final, decidí elegir no por afinidad (es decir,no novelistas) sino por curiosidad: opté por conferencias sobre las cosas de las que no sé nada, sobre las que probablemente no leería un libro entero y sobre las que aprender algo en una hora me pareció una oportunidad única. Así,mi lista se llenó de nombres que no conocía, de autores de no ficción que investigan y escriben sobre, por ejemplo:

Cosas que flotan en sí mismas

Alok Jha escribió un libro sobre el agua, un elemento que sabemos fundamental pero que con frecuencia damos por sentado. Jha se asegura de que entiendas lo extremadamente rara (“weird!”) que es el agua: la única sustancia en el planeta (quizás en el universo, que por cierto está lleno de agua), cuya versión sólida flota en su versión líquida. La cera sólida no flota en la derretida, ni la piedra en la lava, ni el mercurio sólido en el líquido. Pero el agua flota en sí misma porque conforme se enfría, sus moléculas van separándose: el hielo es menos denso que el agua. Y Jha sostiene que ésta es quizá la razón por la que existimos: porque el hielo en la superficie aisló el agua evitando que ésta se congelara, de modo que la vida incipiente en la tierra sobrevivió los varios periodos de helada y siguió evolucionando.

Cosas que se miden por cómo se relacionan

Emma Rothschild es una historiadora que utiliza el estudio moderno de redes sociales para analizar familias del siglo XVIII y demostrar, mezclando el trabajo de archivo y el de programación, que la gente del pasado estaba tan perfectamente obsesionada con la comunicación como nosotros, y que no porque sus tecnologías fueran menos sofisticadas estaban menos comunicados. Al contrario, Rothschild demuestra que el chisme,desde entonces,corría con sorprendente velocidad.

En una nota que se me ocurre relacionar con esto: en uno de los cafés del festival puede verse una exposición de sobres que magníficos ilustradores profesionales convirtieron en obras de arte y enviaron a la House of Illustration de Londres, para conmemorar los 175 años del Penny Black (el primer timbre postal de la historia).

Cosas que se usan y se pegan y se… ¿comen?

La historia del Pritt (inspirado en el pintalabios de una mujer) y el post-it (cuyo origen radica en un fracaso: la invención de un pegamento tan malo que siempre se despegaba) son algunas de las cosas que cuenta James Ward en su libro y en su divertida charla. También alguna que otra anécdota histórica (como cuando el clip se convirtió, en Noruega, en el símbolo de la oposición contra los nazis) y escatológica (como cuando una señora accidentalmente comió y “digirió”unas tachuelas).

Cosas que se olvidan haríamos bien en recordar

Lewis Dartnell escribió un libro con el humilde título: El conocimiento: Cómo reconstruir el mundo a partir de la nada. Abarca desde cómo sobrevivir sin electricidad (y cómo volverla a generar con ríos, y hacer avanzar los coches sin gasolina), cómo abrir latas sin abrelatas y cómo hacer fuego con una alarma de fuego. O, más precisamente, con una pila cualquiera y un estropajo de acero. La receta es ésta: frote uno con el otro… ya está. Si no logro nada más como escritora en residencia, al menos me conforta pensar que si usted leyó hasta acá, no pasará frío en el mundo post apocalíptico.

Cosas que se derriten y se vuelve necesario verificar

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que vi y aprendí en mis dos días como público. También comí el famoso helado Shepherds, hecho con leche de borrego, porque cuenta la leyenda local que hay una categoría de público que viene sólo por este helado y hubiera sido irresponsable omitirlo de mi investigación. No estoy segura de si me gustó o no. Tendré que volver a probarlo en mis días de staff y mis días de invitado. Continuaré reportando.