México20: Entrevistamos a Ximena Sánchez

México20: Entrevistamos a Ximena Sánchez

¿Qué te llevó a escribir?
A los cuatro años tuve mi primera credencial de una biblioteca. Leía cuento tras cuento tras cuento. Leía tanto que en el coche cerraba los ojos para evitar marearme con todos esos rótulos, anuncios y letreros montados en las calles. Escribía poemas para mis abuelas, papás y amigas del colegio que ilustraba con mi caja de Prismacolor. Hasta que, a los trece años, me devoré un libro de la colección infantil “El barco de vapor”, y entonces en la solapa de ese libro me di cuenta de que había escritores vivos (antes pensaba que todos estaban muertos) y que podía estudiar literatura en la universidad y dedicarme a leer y escribir, que era lo que más gozaba. Me concentré en las materias de mecanografía, español, literatura, taller de lectura y redacción. Me salieron callos en los dedos meñiques. Comencé a escribir mi primera novela a los 19 años, durante la huelga de la UNAM, y a partir de ese año escribo novela. Una misma novela que se ha desdoblado en cuatro novelas: “En la tierra de los sucesos triviales”. A los nueve años quería ser cómica de fama internacional como Charlie Chaplin y si no, no.  Por eso mis dos tesis, la de licenciatura y maestría, tratan del humor.

¿Cual es (si la tienes) tu dinámica de trabajo a la hora de escribir una novela?
Cada vez que empiezo una novela desaprendo la anterior. Ese ejercicio de amnesia voluntaria, me permite liberarme y experimentar. Cada una de mis novelas ha sido un ejercicio poético distinto. Me obsesiono con ciertos objetos. Hago bocetos de la trama. Investigo. Me acerco a quien me tenga que acercar. Si tengo que tomar un pecera o un avión para investigar, lo hago. Invierto todos los recursos con los que cuento en el momento. Lo más importante, me dejo llevar por mis personajes en un viaje de introspección del que nunca salgo la misma. Normalmente me siento a escribir de cuatro a seis horas diarias. Cuando mis hijas eran muy pequeñas, escribía de ocho a doce de la noche. A veces, amamantaba al mismo tiempo que escribía un nuevo capítulo. En realidad, la felicidad de la escritura se ha parecido a la felicidad de la cotidianidad. Cada día ha surgido con su propia dinámica y a mi me gusta dejarme llevar por esa dinámica sin planearla demasiado.

¿Cuales son tus referentes literarios?
“Frankestein”, la primera novela que leí tras decidir ser escritora, me enseñó que mi camino debía ser todo lo antifrankestein posible: preferible renunciar a la belleza de un amanecer en los alpes, que a la vida. Me gusta la literatura que habla con esperanza del futuro de la humanidad. Desconfío mucho de la literatura contemporánea. Prefiero a los clásicos. “Memorias de Adriano”, “Los hermanos Karamazov”, “El Quijote”, “Las mil y una noches”, “La montaña mágica”, “Pedro Páramo”, “El cielo protector”, “En busca del tiempo perdido”, “La cartuja de Parma”, “Rayuela”, “Guerra y Paz”.  De vez en cuando, una novela así me colma y entonces la poesía, el cuento o el ensayo me iluminan. López Velarde, Cortázar, Chejov, Gogol, Villaurrutia, Paul Ricouer, Bajtín. He leído con tanta avidez, que me cuesta trabajo nombrar mis referentes.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?
La poesía de Carlos Pellicer. “Fausto”, de Goethe.  Acabo de terminar de leer la “Respuesta a Sor Filotea”, y me divertí consintiendo con la monja, a pesar de que su renuncia a la maternidad y el amor de pareja le impidió gozar del cielo y escribir de sus matices, tuvo el valor de abrirnos el camino a las mujeres escritoras en una época tan machista como el virreinato.

Más información sobre el proyecto en: www.hayfestival.com/mexico20

 

ENGLISH

What led you to write?
I got hold of my first library card when I was four. I read story, after story, after story. I read so much in the car that I had to close my eyes to avoid getting dizzy with all those street signs and advertisements. I wrote poems for my grandmothers, parents and school friends, poems I illustrated with my Prismacolor box. When I was thirteen I devoured a book of children’s stories, El barco de vapor and then, on the flap of this book, I read that there were living writers (before I had thought they were all dead) and I realized I could study literature at university and devote myself to reading and writing, which was what I enjoyed. I concentrated on the areas of typing, Spanish, literature, reading and writing. I got calluses on my index fingers. I started writing my first novel at the age of 19, during a strike at UNAM, and from that year I have written novels. That novel turned into four: En la tierra de los sucesos triviales. When I was nine, I wanted to be a comedian, an internationally famous one, like Charlie Chaplin. So my two theses, for my bachelor’s and my master’s degrees, both dealt with humor.

What is (if you have one) your working method when writing a novel?
Every time I start a novel, I forget what I learned from the previous one. That exercise in voluntary amnesia, and that experience, allows me to free myself. Each of my novels has been a distinct poetic exercise. I’m obsessed with certain objects. I make sketches of the plot. I investigate. I approach whoever I need to speak to. If I have to buy a fish tank or take a plane for my research, I do. I invest all the resources I have at the time. Most importantly, I am driven by my characters on a journey of introspection that, when finished, never leaves me the same. I usually sit down to write four to six hours a day. When my children were very small, I wrote from eight until midnight. Sometimes, I breastfed them while writing a new chapter. Actually, the happiness of writing is like the happiness of everyday life. Each day has its own dynamic and I like to get carried away by this dynamic without too much planning.

What are your literary influences?
Frankenstein, the first novel I read after deciding to be a writer, taught me that my way should be as “antifrankestein” possible: better to give up the beauty of a sunrise in the Alps, than life. I like literature that speaks with hope about the future of humanity. I am very suspicious of contemporary literature. I prefer the classics: Memoirs of Hadrian, The Brothers Karamazov, Don Quixote, Arabian Nights, The Magic Mountain, Pedro Páramo, The Sheltering Sky, In Search of Lost Time, The Charterhouse of Parma, Hopscotch, War and Peace. Occasionally, a novel like that is too much for me, and then I look for poetry, a short story or non-fiction. López Velarde, Cortázar, Chekhov, Gogol, Villaurrutia, Paul Ricoeur, Bakhtin. I read so avidly that it is difficult for me to name all my references.

What are you reading right now?
The poetry of Carlos Pellicer. Goethe’s Faust. I have just finished reading the Response to Sor Philothea, and I had fun agreeing with the nun, who, although her rejection of motherhood and love with a partner prevented her from enjoying heaven and writing about it, had the courage to open up the way to women writers at such a sexist time as the Viceroyalty of New Spain.