México20: Entrevistamos a Antonio Ortuño

México20: Entrevistamos a Antonio Ortuño

¿Qué te llevó a escribir?

Mis ambiciones infantiles consistían en ser el centro delantero de las Chivas del Guadalajara. Las adolescentes, en tener una banda de punk rock. A los 18 años quería ser director de películas. Pero no tenía talento alguno para patear el balón o habilidad para pulsar instrumentos ni mucho menos fortunas para dedicarme al cine. Escribo con frecuencia desde los 12 o 13 años y, al final, me resigné a escribir porque era lo único que hacía con cierto sentido y porque no se requería más que la modesta inversión de un bolígrafo y un cuaderno para hacerlo. Nunca he querido ser “el famoso escritor” sino escribir. Me importa mucho más la fricción contra una frase o la decisión tremenda de insertar un punto y coma que la asistencia a un cóctel.

¿Cual es (si la tienes) tu dinámica de trabajo a la hora de escribir una novela?

No tengo un método inmutable. Luego de varias novelas a cuestas, supongo que se trata de un proceso que inicia con la concepción del texto, la toma de notas, el tanteo del registro o los registros de prosa que me interesan. Una vez que he tomado la mayor parte de las decisiones principales, comienzo a redactar. Esta parte puede durar un año o más. El plan se ajusta sobre la marcha. El texto se revisa, se pule, se desescribe y se vuelve a formar. Al final reservo un periodo de algunos meses para revisión y corrección y para discutir el texto con algunos lectores y mi editor. Generalmente, a partir de que comienzo a redactar trabajo en jornadas de seis horas por varias semanas, entrecortadas por ciertos respiros en los que dejo al texto reposar. Claro: esto ha cambiado a lo largo del tiempo. Durante años estuve amarrado a una serie de oficinas y escribía en los ratos muertos o los tiempos libres. Era un narrador de madrugadas, sábados por la tarde y horas de la comida. Quizá por eso mis textos son agresivos con el Universo entero.

¿Cuales son tus referentes literarios?

De algún modo, citar nombres equivale a convertirse en un pupilo de quien se nombra, o quizá al intento un poco patético de salpicarse un poco  de su gloria. Por supuesto que hay autores que han sido fundamentales en mi formación como lector y narrador, pero, por un lado, han variado con los años, y, por otro, en el fondo termino siempre convencido de que me faltó mencionar alguien crucial. Me formé como prosista al calor de modelos en lengua española: Borges, José Antonio Ramos Sucre e Ibarguengoitia, fundamentalmente. Más tarde encontré vislumbres de posibilidades narrativas que me entusiasmaron y me siguen entusiasmando en autores como Boris Vian, Rubem Fonseca, Fogwill, Philip Roth, Nabokov, Bulgakov, Amis, Waugh, JG Ballard, Fernando Vallejo… Leí muchos decimonónicos que me resultan formidables aún: Wilde, Twain, Chesterton, Conrad, Dostoievski, Chejov… He sido un lector devoto de griegos y romanos, de periodistas como Wolfe, Kaplan y Talese, de poetas latinoamericanos como Parra, Zurita, Ospina, Deniz. Leí a Cioran con una devoción casi indigna de un cínico como Cioran. Y omito aquí las lecturas infantiles y juveniles y algunos entusiasmos menos duraderos. No tengo idea de las proporciones químicas exactas en que esas lecturas me hayan influenciado. Cuando comencé a escribir, todo lo que quería era ser un imitador pasable de Patricia Highsmith.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?

Leo un volumen de mil páginas llamado “Reinos desaparecidos”, del historiador Norman Davies. Una exploración sobre una docena o más de estados europeos que fueron absorbidos o conquistados e integrados o se desvanecieron bajo el pesos de vecinos y rivales sin dejar casi huellas. Llevo una cuarta parte del libro y me parece una lectura admirable.

Más información sobre el proyecto en: www.hayfestival.com/mexico20

ENGLISH

What led you to write?
My childhood ambition was to be the centre forward for the Guadalajara Chivas. As an adolescent I dreamt of having a punk rock band. At 18, I wanted to be a film director. But I had no talent for kicking a ball or skill at playing instruments, and I certainly didn’t have the money to devote myself to cinema. I have been writing regularly since I was 12 or 13 years old, and, in the end, I resigned myself to writing because it was the only thing I did with a purpose and because it required nothing more than the modest investment of a pen and a notebook to do so. I never wanted to be a “famous writer”; I wanted to write. I care much more about the friction against a sentence or the tremendous decision of whether to insert a semicolon than about attending a cocktail party.

What is (if you have one) your working method when writing a novel?
I do not have a fixed method. After several novels, I guess it is a process that begins with the conception of the text, taking notes, considering the register or registers of the prose that interest me. Once you’ve taken most of the major decisions, it’s just a matter of starting to write. This part may last a year or more. The plan is adjusted on the fly. The text can be revised, polished, unwritten and then remade. At the end, I keep aside a period of several months to review and correct it, and discuss the text with some readers and my editor. Usually, after I start writing, I work six hours per day for several weeks, leaving some breathing periods when I leave the text to stand. Clearly: this has changed over time. For years I was tied to a number of jobs, and wrote in dead moments or free time. I was an early mornings, Saturday afternoon and lunch break writer. Maybe that’s why my texts are aggressive with the entire Universe.

What are your literary influences?
Somehow, giving names is the equivalent of becoming a pupil of whoever is named, or perhaps just some pathetic attempt to receive a sprinkling of their glory. Of course, there are authors who have been instrumental in my development as a reader and narrator, but they have varied over the years, and in the end I am always sure I have failed to mention a crucial one. I learned to write prose according to the models of writing in Spanish: Borges, José Antonio Ramos Sucre and Ibarguengoitia, basically. Later I found glimpses of narrative possibilities that excited me and I am still delighted by authors like Boris Vian, Rubem Fonseca, Fogwill, Philip Roth, Nabokov, Bulgakov, Amis, Waugh, JG Ballard, Fernando Vallejo … I read a lot of nineteenth-century writing, much of which is still formidable: Wilde, Twain, Chesterton, Conrad, Dostoevsky, Chekhov … I have been a devoted reader of Greek and Roman texts, of journalists such as Wolfe, Kaplan and Talese, and Latin American poets like Parra, Zurita, Ospina, Deniz. I read Cioran with a devotion that is almost unworthy of a cynic like Cioran. And I omit here my reading as a child and as a youth and some less durable enthusiasms. I have no idea of the exact chemical proportions of the influence of these writers. When I started writing, all I wanted was to be a decent imitator of Patricia Highsmith.

What are you reading right now?
I am reading a thousand-page volume called “Vanished Kingdoms”, by the historian Norman Davies. An exploration of a dozen or more European states that were absorbed or conquered and integrated or vanished under the weight of neighbors and rivals almost without leaving traces. I have read a quarter of it and I think it is an admirable book.